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jueves, 21 de marzo de 2013

El cometa bajo un cielo de cristal

Fuente: Observatorio de Calar Alto
El experimentado astrónomo de Calar Alto Gilles Bergond obtuvo esta fotografía del cometa C/2011 L4 (PanSTARRS) el 18 de marzo de 2013. El cometa se aprecia con claridad cerca del horizonte occidental, arriba a la derecha del extremo superior del árbol. Pero el rasgo más llamativo de esta toma informal lo constituye laclaridad y trasparencia sorprendentes del cielo en Calar Alto. La luz zodiacal, piedra de toque de la calidad de cualquier cielo de calidad astronómica, se extiende desde el horizonte y cruza la imagen hacia la esquina superior izquierda, ocupada por la Luna. La luz zodiacal es una nube lenticular de polvo interplanetario que brilla iluminada por el Sol. Esta banda difusa, mucho más débil que la Vía Láctea, solo puede verse bajo los cielos más limpios y su presencia en esta fotografía, incluso con luz lunar moderada, documenta la calidad del cielo en el Observatorio de Calar Alto, situado a 2168 metros sobre el nivel del mar en la Sierra de los Filabres, Andalucía (España).
La imagen se tomó de un modo informal y con un equipo fotográfico bastante sencillo: una cámara reflex sin espejo Olimpus equipada con un objetivo gran angular (12 mm de distancia focal, f/3.5) y con 50 segundos de tiempo de integración sobre un trípode estático (al ampliar la imagen se aprecian los trazos alargados de las estrellas provocados por la rotación terrestre). En el encuadre aparecen otros objetos celestes aparte de la Luna y el cometa: el planeta Júpiter, algunos cúmulos estelares y dos galaxias vecinas (33 y M31).

Imágenes:
El cometa C/2011 L4 (PanSTARRS) y la luz zodiacal desde el Observatorio de Calar Alto. Crédito: Gilles Bergond (CAHA). Versiones con y sin leyendas.

CienciaDirecta

Hablando de pan

«Pan» y «comida» han sido sinónimos, en la civilización occidental, desde tiempos muy remotos: ya los autores del Génesis incluyeron, en la expulsión de Adán y Eva del Paraíso Terrenal, la obligación de «ganarse el pan».
Lo de «con el sudor de su frente» nunca especificó muy bien, sin embargo, si ese sudor era propio o ajeno.
Mucho tiempo después, cuando Jesús de Nazaret sugirió a sus seguidores una oración, incluyó en ella la petición del panem nostrum quotidianum, el pan nuestro de cada día.
El propio Jesús, cuando hubo de dar de comer a una multitud, realizó el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Y en la Última Cena consagró el pan: «éste es Mi cuerpo».
Pan, entonces. Pero pan… ¿de qué? El Diccionario, como de costumbre, patina. Lo define como una ‘porción de masa de harina, por lo común de trigo, y agua que se cuece en un horno y sirve de alimento’. El DRAE se olvida de la sal, ingrediente habitual.
De trigo, dice el DRAE. De trigo, en efecto: cuando decimos «pan» nos estamos refiriendo al pan de harina de trigo, y en caso de que sea de otro origen lo decimos: pan de cebada, de centeno, de maíz, de espelta…

Hace milenios que el hombre se dio cuenta de que el trigo era el cereal panificable por excelencia. Con o sin levadura, que el uso de la levadura fue un descubrimiento, tal vez casual, de los señores egipcios.

Los romanos comían pan de trigo. Era la parte comestible de su panem et circenses. Eso no quiere decir que los romanos, ni los egipcios, ni los europeos de la Edad Media, comiesen un pan como el que comemos ahora.
El trigo ha evolucionado, se han perfeccionado los métodos de elaboración, empezando por la molienda… Los restos de pan de otros tiempos contenían residuos de piedrecitas, por ejemplo, de aquellos primitivos molinos manuales. Los de agua y los de viento mejoraron mucho las cosas.
El hecho es que los romanos llegaron a donde llegaba el trigo, y toda Europa, incluso la no ocupada, se aficionó al pan de trigo, al pan blanco.
La caída de Roma hizo que en el norte del continente, donde no hay trigo, se acudiese a cereales como el centeno y la cebada, a los panes «negros».
El cereal americano antes de la llegada de los españoles era el maíz. El trigo se introdujo después de esa llegada, y hoy América es el granero del mundo.
En España, durante mucho tiempo, el panem et circenses se tradujo por ‘pan y toros’ (hoy sería pan, a poder ser con jamón, y fútbol).

Pero el desarrollo económico trajo consigo un descenso en el consumo de pan: no era elegante comer pan, era algo rústico, «de pobres». Cerraron multitud de tahonas, y la calidad del pan se resintió.

Hoy el pan está otra vez de moda. Todo restaurante que pretenda tener cierto nivel ofrece una cesta con distintos tipos de pan. Renacen las tahonas… aunque el pan que más se venda sean esas baguettes hechas a partir de masa congelada.
Pero ha vuelto a haber buen pan. El tema es que la moda va hacia panes que se juzgan exóticos, y no sólo panes integrales o sin levadura, sino panes de espelta, escanda o farro.
Como curiosidad, vale; pero es un paso de tres o cuatro mil años atrás.
Eso sí, avalado por la clase médica, que cuida tanto de nuestra salud y que me hace recordar el pánico que me entraba, de niño, cuando un adulto me advertía aquello de «te lo digo por tu bien». De eso, nada: algo me quitarás.
En fin, que volvemos a comer buen pan, y que tenemos dónde elegir. Pero está claro que el trigo, el viejo y querido trigo natural del altiplano etíope, sigue siendo la mejor materia prima para hacer pan.
Blanco, naturalmente: aunque a todo nos guste variar y probar otros, cuando pensamos en pan pensamos en pan… de trigo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un nuevo modelo teórico arroja luz a las conductas obsesivas

Investigadores de la UNED y de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos) proponen una nueva teoría que explicaría las bases de las conductas obsesivas o los tics. 
Este nuevo modelo, que falta ser confirmado con nuevos experimentos, ha sido demostrado en ratas.

De confirmarse, el nuevo modelo tendría implicaciones en la base de las conductas obsesivas. Imagen: Klearchos Kapoutsis.
De confirmarse, el nuevo modelo tendría implicaciones en la base de las conductas obsesivas. Imagen: Klearchos Kapoutsis.

Colocarse el pelo de forma repetitiva, tocarse la nariz o cualquier otro tipo de tic son conductas que se realizan sin obtener nada a cambio.
Durante décadas la comunidad científica pensaba que los mecanismos que originan estas acciones, denominadas adjuntivas, poco tenían que ver con los que provocan comportamientos como comer o dormir, que generan una recompensa y que se conocen como operantes.
Tras más de veinte años investigando ambos tipos de conductas en ratas, científicos de la UNED y de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos) han revisado decenas  de estudios y han concluido que ambos tipos de comportamientos sí están relacionados.
Según los investigadores, las conductas adjuntivas, con las que no se obtiene recompensa, son en realidad un tipo de comportamiento operante, porque sí existe un trofeo, pero que se demora en el tiempo.
En el caso de las ratas, en uno de los artículos analizados, los científicos les suministraban pequeñas bolas de comida con intervalos temporales y comprobaban cómo se repetía la conducta en cuestión.
Ese mismo experimento también abordaba la bebida de líquidos. “Las ratas beben sin tener sed, pero no lo hacen porque sí: su comportamiento es sensible a las consecuencias”, explica Ricardo Pellón, investigador del departamento de Psicología Básica I de la UNED y uno de los autores del trabajo.
Además, las variables motivacionales que mueven ambas conductas son similares, según este estudio, que se publica en la revista Learning & Behavior. Estas variables están relacionadas con el organismo (como puede ser el nivel de hambre) y con la recompensa (cantidad de comida suministrada).  

Siguiente paso, validación

La revisión bibliográfica dibuja un nuevo marco teórico, pero que falta por confirmar con nuevos experimentos.
“Tenemos que validar que la teoría es cierta y por eso estamos empezando un nuevo proyecto, centrado en estudios de comportamientos diferentes a la bebida en la rata de laboratorio, para probar su generalización”, indica Pellón.
De confirmarse, el nuevo modelo teórico propuesto tendría implicaciones en la base de determinadas patologías, como los trastornos obsesivo-compulsivos.
“Si las conductas son operantes se pueden modificar con las mismas técnicas”, adelanta el investigador de la UNED.
De esta forma, el tratamiento podría ser diferente, centrado en una terapia conductual, que actuara como complemento de los fármacos prescritos al paciente.

La anorexia también podría abordarse desde este nuevo marco teórico, puesto que numerosas conductas adjuntivas desarrolladas por las pacientes, como el ejercicio físico excesivo, podrían tratarse de otra forma.

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Referencia bibliográfica:
Peter R. Killeen y Ricardo Pellón. “Adjunctive behaviors are operants”. Learning & Behavior, 41, enero 2013. DOI: 10.3758/s13420-012-0095-1.
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Para más información:
Laura Chaparro – Unidad de Cultura Científica (UCC+i/FECYT)
OTRI-UNED