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jueves, 28 de febrero de 2013

El drama de unos huérfanos llegados de los bajos fondos de la Rusia profunda

GDOV, Rusia (AFP)

Maxim Kuzmin, de 3 años, hijo de una madre rusa alcohólica, adoptado por una pareja de Estados Unidos y muerto después a manos de su madre adoptiva según un responsable del Kremlin, es el emblema en Rusia del trágico destino de muchos niños llegados de los bajos fondos del país y entregados a una incierta adopción.

Tras la muerte de Maxim en Texas, Rusia reclama ahora el retorno del hermano menor, Kirill, también entregado en adopción a la misma familia. El fallecimiento del pequeño Maxim es objeto de investigación en Estados Unidos, pero el delegado del Kremlin para los derechos de los niños, Pavel Astajov, afirma que el niño murió a manos de la madre adoptiva.

La Cámara Baja del Parlamento ruso, la Duma, ha pedido al Congreso de Estados Unidos que ayude a Rusia a traer de vuelta al pequeño Kirill "para salvarle la vida".

Los dos hermanos eran originarios de un pequeño pueblo del noroeste de Rusia, donde los vecinos aseguran que la madre biológica "jamás" estaba sobria.

Esta mujer, Yulia, de 23 años, ha aparecido recientemente en una cadena de televisión pública de Rusia asegurando que quiere "luchar" por su hijo menor, y que desea educarlo.

Pero estas declaraciones resultaron chocantes en Gdov, una localidad de 7.000 habitantes a unos 700 km al noroeste de Moscú donde nacieron los dos niños, y donde vivieron sus primeros meses.

"¿Devolverle a su hijo ? ¡Pero si a esa mujer no se le puede siquiera confiar un perro!" sentencia Zoia Projorova, una vecina. "Nunca nadie ha visto sobria a Yulia", añade otra vecina, Nina Serova.

Al retornar a Gdov la semana pasada, después de participar en un 'talk-show' televisado en Moscú, Yulia Kuzmina y su nuevo compañero fueron expulsados de un tren por haber provocado un escándalo en estado de ebriedad.

Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver en Gdov. "Seguro que ha recibido dinero en la televisión, y se lo está gastando en alcohol, como siempre", dice un habitante.

Maxim Kuzmin, de 3 años, fue adoptado por una pareja de Estados Unidos y murió a manos de su madre adoptiva, según un responsable del Kremlin, convirtiéndose en el emblema en Rusia del trágico destino de muchos niños llegados de los bajos fondos del país y entregados a una incierta adopción.

La casa donde vivían los niños, en mal estado, era escenario de "borracheras y escándalos casi diarios y eran los vecinos quienes traían comida a los niños, que siempre estaban hambrientos", relata Serova.

Maxim vivió en esa casa un año, y Kirill seis meses, antes de que ambos fueran colocados en un hospicio. Poco después, los dos hermanos fueron adoptados por una pareja estadounidense.

"Me duele tanto pensar en estos pobres niños. Su vida ha sido horrible desde el principio", afirma Nina Serova, con lágrimas en los ojos. "No sé lo que pasó en Estados Unidos, pero aquí, con su madre, Maxim podría haber muerto incluso antes", asegura.

"No se retira a niños de su familia si no hay razones. Es un procedimiento muy largo, y examinamos minuciosamente todos los detalles", explica a AFP Nina Volkova, responsable de los servicios sociales de la ciudad de Gdov. "Si se sacó a esos niños de sus familias, es porque existe una amenaza para su vida y su salud. Ese era el caso de los hermanos Kuzmin", añade.

La muerte de Maxim ha avivado en Rusia el debate sobre el destino de los huérfanos rusos adoptados en Estados Unidos.

Rusia prohibió a partir de 2013 las adopciones de niños rusos por estadounidenses, en represalia por la llamada 'lista Magnitski', una ley norteamericana que sanciona a responsables rusos implicados en la muerte en la cárcel en 2009 del abogado Serguei Magnitski.

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